domingo, 2 de octubre de 2016

HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO EN LA MISA EN AZERBAIYÁN


 Homilía del Papa Francisco en la Santa Misa en Azerbaiyán


BAKÚ, 02 Oct. 16 / (ACI).- Poco después de su llegada a Azerbaiyán, el Papa Francisco celebró una Misa en la iglesia de la Inmaculada, en el Centro Salesiano de la ciudad.

“El servicio es un estilo de vida, más aún, resume en sí todo el estilo de vida cristiana: servir a Dios en la adoración y la oración; estar abiertos y disponibles; amar concretamente al prójimo; trabajar con entusiasmo por el bien común inservible”, dijo el Papa.

A continuación, el texto completo de la homilía:

La palabra de Dios nos presenta hoy dos aspectos esenciales de la vida cristiana: la fe y el servicio. A propósito de la fe, le hacen al Señor dos peticiones concretas.

La primera es del profeta Habacuc, que suplica a Dios para que intervenga y restablezca la justicia y la paz, que los hombres han destruido con la violencia, las disputas y las contiendas: «¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que tú me escuches?» (Ha 1,2), pregunta el profeta. Dios, en su respuesta, no interviene directamente, no resuelve la situación de modo brusco, no se hace presente con la fuerza. Al contrario, invita a esperar con paciencia, sin perder nunca la esperanza; sobre todo, subraya la importancia de la fe. Porque el hombre vivirá por su fe (cf. Ha 2,4). Así actúa Dios también con nosotros: no favorece nuestros deseos de cambiar el mundo y a los demás de manera inmediata y continuamente, sino que busca ante todo curar el corazón, el mío, el tuyo, el corazón de cada uno; Dios cambia el mundo cambiando nuestros corazones, y esto no puede hacerlo sin nosotros. El Señor quiere que le abramos la puerta del corazón para poder entrar en nuestra vida. Este abrirnos a él, esta confianza en él es precisamente lo que ha vencido al mundo: nuestra fe (cf. 1 Jn 5,4). Porque cuando Dios encuentra un corazón abierto y confiado, allí puede hacer sus maravillas.

Pero tener fe, una fe viva, no es fácil, y de ahí la segunda petición, esa que los Apóstoles dirigen al Señor en el Evangelio: «Auméntanos la fe» (Lc 17,6). Es una hermosa súplica, una oración que también nosotros podríamos dirigir a Dios cada día. Pero la respuesta divina es sorprendente, y también en este caso da la vuelta a la petición: «Si tuvierais fe...». Es él quien nos pide a nosotros que tengamos fe. Porque la fe, que es un don de Dios y hay que pedirla siempre, también requiere que nosotros la cultivemos. No es una fuerza mágica que baja del cielo, no es una «dote» que se recibe de una vez para siempre, ni tampoco un superpoder que sirve para resolver los problemas de la vida. Porque una fe concebida para satisfacer nuestras necesidades sería una fe egoísta, totalmente centrada en nosotros mismos. No hay que confundir la fe con el estar bien o sentirse bien, con el ser consolados para que tengamos un poco de paz en el corazón. La fe es un hilo de oro que nos une al Señor, la alegría pura de estar con él, de estar unidos a él; es un don que vale la vida entera, pero que fructifica si nosotros ponemos nuestra parte.

Y, ¿cuál es nuestra parte? Jesús nos hace comprender que es el servicio. En el Evangelio, en efecto, el Señor pone las palabras sobre el servicio después de las referidas al poder de la fe. Fe y servicio no se pueden separar, es más, están estrechamente unidas, enlazadas entre ellas. Para explicarme, quisiera usar una imagen que os es familiar, la de una bonita alfombra: vuestras alfombras son verdaderas obras de arte y provienen de una antiquísima tradición. También la vida cristiana de cada uno viene de lejos, y es un don que hemos recibido en la Iglesia y que proviene del corazón de Dios, nuestro Padre, que desea hacer de cada uno de nosotros una obra maestra de la creación y de la historia. Cada alfombra, lo sabéis bien, se va tejiendo según la trama y la urdimbre; sólo gracias a esta estructura el conjunto resulta bien compuesto y armonioso. Así sucede en la vida cristiana: hay que tejerla cada día pacientemente, entrelazando una trama y una urdimbre bien definidas: la trama de la fe y la urdimbre del servicio. Cuando a la fe se enlaza el servicio, el corazón se mantiene abierto y joven, y se ensancha para hacer el bien. Entonces la fe, como dice Jesús en el Evangelio, se hace fuerte y realiza maravillas. Si avanza por este camino, entonces madura y se fortalece, a condición de que permanezca siempre unida al servicio.

Pero, ¿qué es el servicio? Es posible pensar que consista sólo en ser fieles a nuestros deberes o en hacer alguna obra buena. Para Jesús es mucho más. En el Evangelio de hoy, él nos pide, incluso con palabras muy fuertes, radicales, una disponibilidad total, una vida completamente entregada, sin cálculos y sin ganancias. ¿Por qué es tan exigente? Porque él nos ha amado de ese modo, haciéndose nuestro siervo «hasta el extremo» (Jn 13,1), viniendo «para servir y dar su vida» (Mc 10,45). Y esto sucede aún hoy cada vez que celebramos la Eucaristía: el Señor se presenta entre nosotros y, por más que nosotros nos propongamos servirlo y amarlo, es siempre él quien nos precede, sirviéndonos y amándonos más de cuanto podamos imaginar y merecer. Nos da su misma vida. Y nos invita a imitarlo, diciéndonos: «El que quiera servirme que me siga» (Jn 12,26).

Por tanto, no estamos llamados a servir sólo para tener una recompensa, sino para imitar a Dios, que se hizo siervo por amor nuestro. Y no estamos llamados a servir de vez en cuando, sino a vivir sirviendo. El servicio es un estilo de vida, más aún, resume en sí todo el estilo de vida cristiana: servir a Dios en la adoración y la oración; estar abiertos y disponibles; amar concretamente al prójimo; trabajar con entusiasmo por el bien común inservible. Aquí podemos destacar dos. Una es dejar que el corazón se vuelva tibio. Un corazón tibio se encierra en una vida perezosa y sofoca el fuego del amor. El que es tibio vive para satisfacer sus comodidades, que nunca son suficientes, y de ese modo nunca está contento; poco a poco termina por conformarse con una vida mediocre. El tibio reserva a Dios y a los demás algunos «porcentajes» de su tiempo y de su corazón, sin exagerar nunca, sino más bien buscando siempre recortar. Así su vida pierde sabor: es como un té que era muy bueno, pero que al enfriarse ya no se puede beber. Estoy convencido de que vosotros, viendo los ejemplos de quienes os han precedido en la fe, no dejaréis que vuestro corazón se vuelva tibio. Toda la Iglesia, que tiene una especial simpatía por vosotros, os mira y os anima: sois un pequeño rebaño pero de gran valor a los ojos de Dios.


Hay una segunda tentación en la que se puede caer, no por ser pasivos, sino por ser «demasiado activos»: es la de pensar como dueños, de trabajar sólo para ganar prestigio y llegar a ser alguien. Entonces, el servicio se convierte en un medio y no en un fin, porque el fin es ahora el prestigio, después vendrá el poder, el querer ser grandes. «Entre vosotros —nos recuerda Jesús a todos— no será así: el que quiera ser grande entre vosotros que sea vuestro servidor» (Mt 20,26). Así se edifica y se embellece la Iglesia. Retomo la imagen de la alfombra, aplicándola a vuestra hermosa comunidad: cada uno de vosotros es como un espléndido hilo de seda, pero sólo si los distintos hilos están bien entrelazados crean una bella composición; solos, no sirven. Permaneced siempre unidos, viviendo humildemente en caridad y alegría; el Señor, que crea la armonía en la diferencia, os custodiará.

Que nos ayude la intercesión de la Virgen Inmaculada y de los santos, en particular santa Teresa de Calcuta, los frutos de cuya fe y servicio están entre vosotros. Acojamos algunas de sus espléndidas palabras, que resumen el mensaje de hoy: «El fruto de la fe es el amor; el fruto del amor es el servicio; y el fruto del servicio es la paz» (Camino de sencillez, Introducción).

PAPA FRANCISCO: LOS POBRES Y LOS DÉBILES SON LA CARNE DE CRISTO


Papa Francisco: Los pobres y los débiles son la carne de Cristo
 Alan Holdren / ACI Prensa.



TIFLIS, 01 Oct. 16 /  (ACI).- En el último día de su visita apostólica a Georgia, el Papa Francisco expresó su gratitud por quienes atienden a las personas pobres, enfermas y débiles, quienes son la “carne de Cristo”.

En su encuentro con más de 700 asistidos y operadores de las Obras de Caridad de la Iglesia en Georgia frente al Centro de asistencia de los Padres Camilos, el 1 de octubre en Tiflis, el Santo Padre señaló que “las iniciativas caritativas son el fruto maduro de una Iglesia que sirve, que ofrece esperanza y manifiesta la misericordia de Dios”.

“Por lo tanto, queridos hermanos y hermanas, tienen una misión muy grande”, indicó.


El Papa dijo a quienes atienden a los más necesitados que con “su solicitud expresan de manera elocuente el amor al prójimo, distintivo de los discípulos de Cristo”.

“Les animo a continuar por esta senda exigente y fecunda: las personas pobres y débiles son la ‘carne de Cristo’ que interpela a los cristianos de cualquier confesión, que los mueve a obrar sin intereses personales, siguiendo únicamente el impulso del Espíritu Santo”.

El Santo Padre expresó además “un saludo especial a los ancianos, a los enfermos, a cuantos sufren y a las personas atendidas en las diversas obras de caridad”.

“Me alegra estar un momento con ustedes y animaros: Dios nunca los abandona, siempre esta? cerca, pronto a escucharlos, a darles fortaleza en los momentos de dificultad”.


“Ustedes son los predilectos de Jesús, que quiso identificarse con las personas que sufren, sufriendo él mismo en su pasión”, indicó.

Concluido el mensaje del Papa, un grupo de jóvenes, acompañados por personas con discapacidad en sillas de ruedas, realizaron bailes tradicionales de Georgia.

PAPA FRANCISCO CRUZA EN GEORGIA UNA PUERTA SANTA, SIN IGLESIA


Papa Francisco cruza en Georgia una Puerta Santa… sin iglesia
 Foto: L'Osservatore Romano




TIFLIS, 01 Oct. 16 /  (ACI).- Este sábado, al inicio de la Misa que celebró en el estadio Mikheil Meskhiy, en Tiflis (Georgia), el Papa Francisco bendijo y cruzó la Puerta Santa que debía estar en una iglesia en la ciudad de Rustavi, pero que aún no ha sido instalada porque las autoridades hasta el momento no han dejado construir el templo.

Según se informó, esta Puerta Santa debería estar en una iglesia dedicada a la Divina Misericordia, sin embargo, permanece en un jardín de Rustavi debido a que la construcción fue detenida por una apelación que reclama que dicho terreno fue otorgado de manera inapropiada, cambiando el uso previsto.



Sin embargo, la Administración Apostólica del Cáucaso ha apelado, señalando que el cambio de uso del terreno, después de que fuera aprobado el proyecto de construcción, no tiene sustento jurídico.

Ahora parece que habrá un acuerdo, pues las autoridades han propuesto construir la iglesia en otro lugar, siempre en Rustavi, y la Iglesia Católica estaría por aceptar la oferta para no exacerbar la situación.

Según fuentes, esta es una historia común para la Iglesia Católica en Georgia, formada por el 2,5% de la población y con relaciones difíciles con la Iglesia Ortodoxa de Georgia.

Esta situación ya había sido denunciada en enero de este año por el Obispo católico de Rustavi, Mons. Giuseppe Pasotto, quien en el marco del Año de la Misericordia abrió el 7 de diciembre la Puerta Santa en el terreno destinado para la iglesia.

En declaraciones divulgada esos días por Radio In Blu, el Prelado dijo que “pese a que todos los documentos están listos el alcalde no ha firmado (la autorización). Entonces tuvimos la idea de abrir una Puerta Santa allí. La hemos puesto donde debe ir la puerta de la iglesia aunque no hay iglesia” que desean dedicar a la Divina Misericordia.


“La puerta del Año Santo es una puerta sin iglesia para entender que la misericordia no tiene paredes ni confines, no tiene el techo que impide ver la luz del sol y las estrellas, no tiene perímetro hacia dónde dirigirse, no tiene propietario porque es de todos, no tiene sitios para sentarse o acomodarse porque así se nos pide estar siempre activos, disponibles, listos los unos para los otros… ¡no tiene nada porque tiene todo!”, afirmó en una carta dirigida a los fieles.

En ese sentido, el Obispo aseguró a los católicos de Georgia que “esta puerta nos recordará que la misericordia de Dios es inmensa, que la misericordia de Dios es para todos, que no hay nadie que no pueda ser abrazado por Él, que la misericordia permite a la tierra tocar el cielo, que la misericordia es el aire que da vida, que hace respirar al hombre y lo proyecta hacia lo eterno, al infinito, como solo es el amor”.

CÓMO SER FIRME EN LA FE? PAPA FRANCISCO DA EL EJEMPLO DE ABUELITA QUE LO SIGUIÓ HASTA ARMENIA


¿Cómo ser firme en la fe? El Papa da el ejemplo de abuelita que lo siguió hasta Armenia
Foto: L'Osservatore Romano.




TIFLIS, 01 Oct. 16 /  (ACI).- El Papa Francisco reflexionó sobre la “firmeza en la fe”, en su encuentro con sacerdotes, seminaristas, religiosos y agentes de pastoral, en la Catedral de la Asunción de Tiflis (Georgia), y recordó en ejemplo de una abuelita que viajó desde Georgia hasta Armenia para encontrarlo.

El Santo Padre recordó que durante su viaje a Armenia, en junio de este año, se encontró con “una viejita” que le hizo señas de acercarse. “Si tenía 80 (años) no era vieja”, dijo, bromeando, el Santo Padre, que cumplirá esa edad el 17 de diciembre de este año.

“Yo sentí en el corazón el deseo de acercarme a saludarla, porque estaba detrás de las vallas”, recordó, e indicó que la anciana “era una mujer humilde, muy humilde. Me ha saludado con amor. Tenia un diente de oro como se hacía en otros tiempos”.

“Y me dijo esto: ‘yo soy armenia pero habito en Georgia, y he venido de Georgia, he viajado ocho horas para encontrar al Papa’”.

Francisco indicó luego que “al día siguiente, cuando iba hacia otra parte, dos horas más, me encontró de nuevo. Entonces le dije ‘señora, pero usted vino de Georgia, tantas horas de viaje y después dos horas más, al día siguiente para encontrarme’. Sí, me respondió, es la fe”.

El Santo Padre destacó que “estar firmes en la fe es el testimonio que ha dado esta mujer. Ella cree que Jesucristo ha dejado a Pedro sobre la tierra como su vicario y ella quería ver a Pedro”.

“Firmeza en la fe significa capacidad de recibir de los otros la fe, conservarla y transmitirla”, indicó.

El Papa subrayó que ser “firmes en la fe significa no olvidar aquello que hemos aprendido, es más, hacerlo crecer, darlo a nuestros hijos”.

“Son los abuelos los que nos han transmitido la fe”, dijo, y alentó a “recibir el agua fresca de la fe, trabajarla en el presente, hacerla crecer, no esconderla en un cajón”.

En esta transmisión de la fe, Francisco destacó el papel de madres y abuelas.

“Una planta sin raíces no crece, una fe sin las raíces de la madre y de la abuela no crece. Tampoco una fe que me ha sido dada y yo no la doy a los otros, a los más pequeños, a mis ‘hijos’ entre comillas, no crece”.


El Papa recordó además que “hay dos mujeres que Jesús ha querido para todos nosotros. Su madre y su esposa. Las dos se asemejan”.

“La madre de Jesús, que Él ha dejado como madre nuestra. La Iglesia es la esposa de Jesús y también es nuestra madre. Con la Madre Iglesia, con la Madre María se puede ir adelante seguro”, dijo.

Francisco destacó que “parece que el Señor tiene una preferencia para llevar adelante la fe con las mujeres. María la santa madre de Dios, la Iglesia, la santa esposa de Dios. Nosotros pecadores, sus hijos. La abuela, la madre que nos han dado la fe”.

PAPA FRANCISCO ASEGURA QUE MATRIMONIO HOMBRE-MUJER ES LA COSA MÁS BELLA CREADA POR DIOS


El Papa asegura que matrimonio hombre-mujer es la cosa más bella creada por Dios


TIFLIS, 01 Oct. 16 / (ACI).- En su encuentro con 250 sacerdotes, religiosos, seminaristas y agentes de pastoral, en la Catedral de la Asunción, en Tiflis (Georgia), el Papa Francisco aseguró que el matrimonio entre un hombre y una mujer “es la cosa más bella que Dios ha creado”.

“El matrimonio es la cosa más bella que Dios ha creado. La Biblia nos dice que Dios ha creado hombre y mujer, los ha creado a su imagen y semejanza. El hombre y la mujer que se hacen una sola carne son imagen de Dios”, señaló.

El Santo Padre también advirtió sobre las incomprensiones y tentaciones que surgen en el matrimonio, que resultan en considerar “el camino del divorcio”.

“¿Tú sabes quién paga los gastos del divorcio?”, cuestionó, para responder que “dos personas. Los dos y más, y paga Dios, porque cuando se divorcia lo que es una sola carne, ensucia la imagen de Dios”.

“Y pagan los hijos, los niños. Ustedes no saben, queridos hermanos y hermanas, cuanto sufren los niños pequeños cuando ven las peleas y la separación de los padres”, indicó.


El Papa señaló que “se debe hacer de todo para salvar un matrimonio”.

“Pero es normal que en el matrimonio se pelee, sí, es normal. Sucede que vuelan los platos, es normal. Pero si es verdadero amor, se hace la paz inmediatamente”, dijo.

Francisco recordó que él aconseja “a los matrimonios peleen todo lo que quieran, pero no terminen la jornada sin hacer la paz”.

“¿Saben por qué? Porque la guerra fría del día siguiente es peligrosísima. Cuántos matrimonios se salvan si tienen el coraje de al final de la jornada no hacer un discurso sino una caricia y se hace la paz”, indicó.

El Papa advirtió que “hay situaciones más complejas, cuando el diablo se mezcla y pone una mujer delante del hombre, que le parece más bella que la suya. O cuando pone a un hombre delante de una mujer que la parece mejor que el suyo”.

En esos casos, exhortó, “pidan ayuda inmediatamente cuando viene esta tentación. Pidan ayuda inmediatamente”.

“¿Y como se ayudan las parejas? Se ayuda recibiéndolos. La cercanía, el acompañamiento, el discernimiento, la integración en el cuerpo de la Iglesia”, dijo, y subrayó que “en la comunidad católica se debe ayudar a salvar el matrimonio”.

El Santo Padre recordó además que “hay tres palabras de oro en la vida del matrimonio”: ¿puedo?, gracias y perdón.


Hay una guerra mundial para destruir el matrimonio

Francisco denunció también que actualmente “hay una guerra mundial para destruir el matrimonio”.

El Papa advirtió de "un gran enemigo del matrimonio, que es la teoría de los géneros", y advirtió que actualmente “no se destruye con las armas, se destruye con las ideas. Hay una colonización ideológica que destruye. Hay colonizaciones ideológicas que destruyen”.

Por tanto, dijo, los matrimonios deben “defenderse de las colonizaciones ideológicas, si hay problemas hacer la paz lo antes posible, antes de que termine la jornada. Y no olvidar las tres palabras: Permiso, gracias, perdón”.

IMITEN EL PEQUEÑO CAMINO DE SANTA TERESITA PARA LLEGAR A DIOS, EXHORTA EL PAPA FRANCISCO


Imiten el “pequeño camino” de Santa Teresita para llegar a Dios, exhorta el Papa
 Foto: Daniel Ibáñez (ACI Prensa)



TIFLIS, 01 Oct. 16 /  (ACI).- En la homilía que pronunció este sábado en el estadio Mikheil Meskhi, en Georgia, el Papa Francisco invitó a los católicos a seguir el ejemplo del “pequeño camino” de Santa Teresita del Niño Jesús, cuya fiesta se celebra hoy 1 de octubre, y que consiste en confiar en Dios y en su consolación con la fe de un niño pequeño.

“Ella nos señala su ‘pequeño camino’ hacia Dios: ‘el abandono del niñito que se duerme sin miedo en brazos de su padre’, porque ‘Jesús no pide grandes hazañas, sino únicamente abandono y gratitud’”, afirmó el Santo Padre al recordar los “Manuscritos autobiográficos” de la Doctora de la Iglesia.

“Lamentablemente –como escribía entonces, y ocurre también hoy–, Dios encuentra ‘pocos corazones que se entreguen a él sin reservas, que comprendan toda la ternura de su amor infinito’”, añadió el Papa.

En ese sentido, afirmó que la joven Doctora de la Iglesia “era experta en la ‘ciencia del Amor’, y nos enseña que ‘la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no extrañarse de sus debilidades, en edificarse de los más pequeños actos de virtud que les veamos practicar’; nos recuerda también que ‘la caridad no debe quedarse encerrada en el fondo del corazón’”.

Durante su homilía, Francisco también agradeció a las muchas abuelas y madres que en Georgia “siguen conservando y transmitiendo la fe, sembrada en esta tierra por Santa Nino, y llevan el agua fresca del consuelo de Dios a muchas situaciones de desierto y conflicto.


El Santo Padre celebró la Misa después de atravesar y bendecir la Puerta Santa colocada a la mitad del estadio y que en un principio debía en una iglesia de la ciudad Rustavi. Sin embargo, este templo aún no se ha podido construir. Por otro lado, el altar fue decorado por un artista de Georgia que trabaja con los asistidos y operadores del Centro de Asistencia de los Padres Camilianos, a quienes el Papa visitará en horas de la tarde.

Ante los fieles reunidos, el Pontífice también reflexionó sobre la primera lectura del profeta Isaías: “Como a un niño a quien su madre consuela, así yo los consolaré”.

“Como una madre toma sobre sí el peso y el cansancio de sus hijos, así quiere Dios cargar con nuestros pecados e inquietudes; Él, que nos conoce y ama infinitamente, es sensible a nuestra oración y sabe enjugar nuestras lágrimas”, aseguró.

Dios es la “fuente del verdadero consuelo, que libera del mal, que trae la paz y acrecienta la alegría”; y por tanto, debemos “dejar que entre en nuestra vida”, añadió.

Sin embargo, recordó que “hay una condición fundamental para recibir el consuelo de Dios, y que hoy nos recuerda su Palabra: hacerse pequeños como niños, ser ‘como un niño en brazos de su madre’. Para acoger el amor de Dios es necesaria esta pequeñez del corazón: en efecto, sólo los pequeños pueden estar en brazos de su madre”.

El Obispo de Roma destacó que “para ser grande ante el Altísimo no es necesario acumular honores y prestigios, bienes y éxitos terrenales, sino vaciarse de sí mismo”.

Jesús, explicó, enseña que quien se hace pequeño como un niño “es el más grande en el reino de los cielos”.

No obstante, el Santo Padre también advirtió que cuando “la puerta del corazón se cierra”, es entonces cuando “nos acostumbramos al pesimismo, a lo que no funciona bien (…) y terminamos por encerrarnos dentro de nosotros mismos en la tristeza”.

Destacó, además, que es en la Iglesia donde se encuentra consuelo: “La Iglesia es la casa del consuelo: aquí Dios desea consolar.”.

“Recibir y llevar el consuelo de Dios: esta misión de la Iglesia es urgente. Queridos hermanos y hermanas, sintámonos llamados a esto; no a fosilizarnos en lo que no funciona a nuestro alrededor o a entristecernos cuando vemos algún desacuerdo entre nosotros”, añadió.

Finalmente se dirigió al pueblo de Georgia: “acoge el aliento que te infunde el Buen Pastor, confíate a Aquel que te lleva sobre sus hombros y te consuela. Pidamos hoy, todos juntos, la gracia de un corazón sencillo, que cree y vive en la fuerza bondadosa del amor, pidamos vivir con la serena y total confianza en la misericordia de Dios”.

Al término de la Misa el Papa agradeció el recibimiento de Mons. Giuseppe Pasotto, administrador apostólico de los latinos del Cáucaso, y de las comunidades latina, armenia y asirio-caldea. También dio gracias a las autoridades, la Iglesia Apostólica Armenia y la Iglesia Ortodoxa de Georgia.

HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO EN LA MISA EN TIFLIS, GEORGIA



 Homilía del Papa Francisco en la Misa en Tiflis, Georgia


TIFLIS, 01 Oct. 16 / 02:01 am (ACI).- El Papa Francisco celebró esta mañana en Georgia una Misa en el estadio Mikheil Meskhi, en la ciudad de Tiflis, para la segunda parte de su viaje apostólico a la región del Cáucaso, tras su visita a Armenia en junio.

A continuación el texto completo de la homilía:

Entre los muchos tesoros de este espléndido país destaca el gran valor que representan las mujeres. Ellas —escribía santa Teresa del Niño Jesús, cuya memoria celebramos hoy— «aman a Dios en número mucho mayor que los hombres» (Manuscritos autobiográficos, Manuscrito A, VI). Aquí en Georgia, hay muchas abuelas y madres que siguen conservando y transmitiendo la fe, sembrada en esta tierra por santa Nino, y llevan el agua fresca del consuelo de Dios a muchas situaciones de desierto y conflicto.


Esto nos ayuda a comprender la belleza de lo que el Señor dice en la primera lectura de hoy: «Como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo» (Is 66,13). Como una madre toma sobre sí el peso y el cansancio de sus hijos, así quiere Dios cargar con nuestros pecados e inquietudes; él, que nos conoce y ama infinitamente, es sensible a nuestra oración y sabe enjugar nuestras lágrimas. Cada vez que nos mira se conmueve y se enternece con un amor entrañable, porque, más allá del mal que podemos hacer, somos siempre sus hijos; desea tomarnos en brazos, protegernos, librarnos de los peligros y del mal. Dejemos que resuenen en nuestro corazón las palabras que hoy nos dirige: «Como una madre consuela, así os consolaré yo».

El consuelo que necesitamos, en medio de las vicisitudes turbulentas de la vida, es la presencia de Dios en el corazón. Porque su presencia en nosotros es la fuente del verdadero consuelo, que permanece, que libera del mal, que trae la paz y acrecienta la alegría. Por lo tanto, si queremos ser consolados, tenemos que dejar que el Señor entre en nuestra vida. Y para que el Señor habite establemente en nosotros, es necesario abrirle la puerta y no dejarlo fuera. Hay que tener siempre abiertas las puertas del consuelo porque Jesús quiere entrar por ahí: por el Evangelio leído cada día y llevado siempre con nosotros, la oración silenciosa y de adoración, la Confesión y la Eucaristía. A través de estas puertas el Señor entra y hace que las cosas tengan un sabor nuevo. Pero cuando la puerta del corazón se cierra, su luz no llega y se queda a oscuras. Entonces nos acostumbramos al pesimismo, a lo que no funciona bien, a las realidades que nunca cambiarán. Y terminamos por encerrarnos dentro de nosotros mismos en la tristeza, en los sótanos de la angustia, solos. Si, por el contrario, abrimos de par en par las puertas del consuelo, entrará la luz del Señor.

Pero Dios no nos consuela sólo en el corazón; por medio del profeta Isaías, añade: «En Jerusalén seréis consolados» (66,13). En Jerusalén, en la comunidad, es decir en la ciudad de Dios: cuando estamos unidos, cuando hay comunión entre nosotros obra el consuelo de Dios. En la Iglesia se encuentra consuelo, la Iglesia es la casa del consuelo: aquí Dios desea consolar. Podemos preguntarnos: Yo, que estoy en la Iglesia, ¿soy portador del consuelo de Dios? ¿Sé acoger al otro como huésped y consolar a quien veo cansado y desilusionado? El cristiano, incluso cuando padece aflicción y acoso, está siempre llamado a infundir esperanza a quien está resignado, a alentar a quien está desanimado, a llevar la luz de Jesús, el calor de su presencia y el alivio de su perdón. Muchos sufren, experimentan pruebas e injusticias, viven preocupados. Es necesaria la unción del corazón, el consuelo del Señor que no elimina los problemas, pero da la fuerza del amor, que ayuda a llevar con paz el dolor. Recibir y llevar el consuelo de Dios: esta misión de la Iglesia es urgente. Queridos hermanos y hermanas, sintámonos llamados a esto; no a fosilizarnos en lo que no funciona a nuestro alrededor o a entristecernos cuando vemos algún desacuerdo entre nosotros. No está bien que nos acostumbremos a un «microclima» eclesial cerrado, es bueno que compartamos horizontes de esperanza amplios y abiertos, viviendo el entusiasmo humilde de abrir las puertas y salir de nosotros mismos.

Pero hay una condición fundamental para recibir el consuelo de Dios, y que hoy nos recuerda su Palabra: hacerse pequeños como niños (cf. Mt 18,3-4), ser «como un niño en brazos de su madre» (Sal 130,2). Para acoger el amor de Dios es necesaria esta pequeñez del corazón: en efecto, sólo los pequeños pueden estar en brazos de su madre.

Quien se hace pequeño como un niño —nos dice Jesús— «es el más grande en el reino de los cielos» (Mt 18,4). La verdadera grandeza del hombre consiste en hacerse pequeño ante Dios. Porque a Dios no se le conoce con elevados pensamientos y muchos estudios, sino con la pequeñez de un corazón humilde y confiado. Para ser grande ante el Altísimo no es necesario acumular honores y prestigios, bienes y éxitos terrenales, sino vaciarse de sí mismo. El niño es precisamente aquel que no tiene nada que dar y todo que recibir. Es frágil, depende del papá y de la mamá. Quien se hace pequeño como un niño se hace pobre de sí mismo, pero rico de Dios.


Los niños, que no tienen problemas para comprender a Dios, tienen mucho que enseñarnos: nos dicen que él realiza cosas grandes en quien no le ofrece resistencia, en quien es simple y sincero, sin dobleces. Nos lo muestra el Evangelio, donde se realizan grandes maravillas con pequeñas cosas: con unos pocos panes y dos peces (cf. Mt 14,15-20), con un grano de mostaza (cf. Mc 4,30-32), con el grano de trigo que cae en tierra y muere (cf. Jn 12,24), con un solo vaso de agua ofrecido (cf. Mt 10,42), con dos pequeñas monedas de una viuda pobre (cf. Lc 21, 1-4), con la humildad de María, la esclava del Señor (cf. Lc 1,46-55).

He aquí la sorprendente grandeza de Dios, un Dios lleno de sorpresas y que ama las sorpresas: nunca perdamos el deseo y la confianza en las sorpresas de Dios. Nos hará bien recordar que somos, siempre y ante todo, hijos suyos: no dueños de la vida, sino hijos del Padre; no adultos autónomos y autosuficientes, sino niños que necesitan ser siempre llevados en brazos, recibir amor y perdón. Dichosa las comunidades cristianas que viven esta genuina sencillez evangélica. Pobres de recursos, pero ricas de Dios. Dichosos los pastores que no se apuntan a la lógica del éxito mundano, sino que siguen la ley del amor: la acogida, la escucha y el servicio. Dichosa la Iglesia que no cede a los criterios del funcionalismo y de la eficiencia organizativa y no presta atención a su imagen. Pequeño y amado rebaño de Georgia, que tanto te dedicas a la caridad y a la formación, acoge el aliento que te infunde el Buen Pastor, confíate a Aquel que te lleva sobre sus hombros y te consuela.

Quisiera resumir estas ideas con algunas palabras de santa Teresa del Niño Jesús, a quien recordamos hoy. Ella nos señala su «pequeño camino» hacia Dios, «el abandono del niñito que se duerme sin miedo en brazos de su padre», porque «Jesús no pide grandes hazañas, sino únicamente abandono y gratitud» (Manuscritos autobiográficos, Manuscrito B). Lamentablemente –como escribía entonces, y ocurre también hoy–, Dios encuentra «pocos corazones que se entreguen a él sin reservas, que comprendan toda la ternura de su amor infinito» (ibíd.). La joven santa y Doctora de la Iglesia, por el contrario, era experta en la «ciencia del Amor» (ibíd.), y nos enseña que «la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no extrañarse de sus debilidades, en edificarse de los más pequeños actos de virtud que les veamos practicar»; nos recuerda también que «la caridad no debe quedarse encerrada en el fondo del corazón» (Manuscrito C). Pidamos hoy, todos juntos, la gracia de un corazón sencillo, que cree y vive en la fuerza bondadosa del amor, pidamos vivir con la serena y total confianza en la misericordia de Dios.