domingo, 5 de junio de 2016

VATICANO ANUNCIA NUEVO DICASTERIO "LAICOS, FAMILIA Y VIDA" PARA EL 1 DE SEPTIEMBRE


Vaticano anuncia nuevo dicasterio "Laicos, Familia y Vida" para el 1 de septiembre


 (ACI).- En un importante paso hacia la reforma de la Curia querida por el Papa Francisco, la Santa Sede ha comunicado hoy la aprobación ad experimentum del nuevo dicasterio sobre laicos, familia y vida que iniciará su función el próximo 1 de septiembre de 2016.

El nuevo dicasterio absorberá por tanto a los actuales Pontificio Consejo para los Laicos y el Pontificio Consejo para la Familia, que dejarán de funcionar a partir de esa fecha.

“Hoy, 4 de junio de 2016, el Santo Padre Francisco, a propuesta del Consejo de Cardenales, ha aprobado ad experimentum el Estatuto del nuevo Discasterio para los Laicos, la familia y la vida en la cual confluirán, desde el 1 de septiembre de 2016, los actuales Pontificio Consejos para los Laicos y Pontificio Consejo para la Familia”.

“En esa fecha, ambos dicasterios cesarán de sus funciones y serán suprimidos”, explica el comunicado.

En el Estatuto que regirá al nuevo organismo de la Santa Sede se establece que “el discasterio es competente en esas materias que son de pertenencia de la Sede Apostólica para la promoción de la vida, y del apostolado de los fieles laicos, para el cuidado pastoral de la familia y de su misión, según el diseño de Dios y para la tutela y la ayuda de la vida humana”.

Otra de las características será que estará presidido por un Prefecto que será ayudado de un Secretario que podrá ser un laico, y por 3 Subsecretarios laicos. A su vez podrán trabajar varios empleados clérigos o laicos elegidos en su mayoría de diversas regiones del mundo.

El dicasterio estará dividido en las secciones Laicos, Familia y Vida presidida cada una por un Sub Secretario y estará formado por miembros laicos, hombres y mujeres, célibes y casados que respeten el caracter universal de la Iglesia.


También tendrá sus propios consultores, siguiendo así las normas establecidas ya para toda la Curia Romana.

Laicos

Respecto a esta sección, el estatuto establece que el dicasterio debe “animar la promoción de la vocación y de la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo, como solteros, cónyuges o no, y miembros pertenecientes a asociaciones, movimientos, comunidades”.

Además, deberá “favorecer en los fieles laicos la conciencia de la corresponsabilidad, en fuerza del Bautismo, para la vida y la misión de la Iglesia, según los diversos carismas recibidos para la edificación común, con una particular atención a la peculiar misión de los fieles laicos de animar y perfeccionar el orden de la realidad temporal”.

Deberá “promover también la participación de los fieles laicos en la instrucción de las catequesis, en la vida litúrgica y sacramental, en la acción misionera, en las obras de misericordia, de caridad y de promoción humana y social”.

Como ya hacía el Pontificio Consejo para los Laicos, la nueva sección “erige las asociaciones de fieles y los movimientos laicales que tienen un carácter internacional y aprobará o reconocerá los estatutos”.

Familia

“Promueve el cuidado pastoral de la familia a la luz del magisterio pontificio, en la tutela de la dignidad y el bien basados en el sacramento del matrimonio, en favorecer los derechos y las responsabilidades en la Iglesia y en la sociedad civil para que las instituciones familiares puedan asumir mejor las propias funciones tanto en el ámbito eclesial como en el social”.

También deberá “discernir los signos de los tiempos para valorizar las oportunidades, a favor de la familia con confianza y sabiduría evangélica ante los desafíos que tenga y aplicar en el hoy de la sociedad y de la historia el diseño de Dios sobre el matrimonio y la familia”.

Entre sus labores estará el de “profundizar en la doctrina sobre la familia y su divulgación mediante adecuadas catequesis” así como “favorecer en particular los estudios sobre la espiritualidad del matrimonio y de la familia”.

También “ofrecer líneas directivas para programas formativos para los novios que se preparan al matrimonio y para las parejas jóvenes”.

Además, tendrá una estrecha relación con el Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre Matrimonio y Familia, una de las instituciones de la Santa Sede más importantes en este ámbito.

Vida

Esta sección tendrá el deber de coordinar “iniciativas a favor de la procreación responsable, así como para la tutela de la vida humana desde su concepción hasta su fin natural, teniendo presentes las necesidades de la persona en sus diversas fases evolutivas”.

Deberá “promover y animar a las organizaciones y asociaciones que ayudan a la mujer y a la familia a acoger y custodiar el don de la vida, especialmente en el caso de embarazos difíciles, y prevenir que se recurra al aborto”.

Sobre esto último, también deberá “apoyar programas e iniciativas dirigidos a ayudar a las mujeres que hayan abortado”.

Esta sección estará en permanente y estrecha relación con la Pontificia Academia para la Vida de la Santa Sede.

HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO EN LA CANONIZACIÓN DE DOS NUEVOS SANTOS


Homilía del Papa Francisco en la canonización de dos nuevos santos


 (ACI).- El Papa Francisco celebró la Santa Misa con el rito de canonización del polaco Stanislao di Gesù Maria Papczynski (1631-1701) y de la sueca Maria Elisabetta Hesselblad (1870-1957).

En su homilía, el Pontífice comentó las lecturas de la liturgia del día y sobre los nuevos santos dijo que “han permanecido íntimamente unidos a la pasión de Jesús y en ellos se ha manifestado el poder de su resurrección”.

“La Pasión de Cristo está la respuesta de Dios al grito angustiado y a veces indignado que provoca en nosotros la experiencia del dolor y de la muerte”, señaló también el Papa.

A continuación, la homilía completa del Papa Francisco:


La Palabra de Dios que hemos escuchado nos conduce al acontecimiento central de la fe: La victoria de Dios sobre el dolor y la muerte. Es el Evangelio de la esperanza que surge del Misterio Pascual de Cristo, que se irradia desde su rostro, revelador de Dios Padre y consolador de los afligidos. Es una palabra que nos llama a permanecer íntimamente unidos a la pasión de nuestro Señor Jesús, para que se manifieste en nosotros el poder de su resurrección.

En efecto, en la Pasión de Cristo está la respuesta de Dios al grito angustiado y a veces indignado que provoca en nosotros la experiencia del dolor y de la muerte. Se trata de no escapar de la cruz, sino de permanecer ahí, como hizo la Virgen Madre, que sufriendo junto a Jesús recibió la gracia de esperar contra toda esperanza (cf. Rm 4,18).

Esta ha sido también la experiencia de Estanislao de Jesús María y de María Isabel Hesselblad, que hoy son proclamados santos: han permanecido íntimamente unidos a la pasión de Jesús y en ellos se ha manifestado el poder de su resurrección.

La primera Lectura y el Evangelio de este domingo nos presentan dos signos prodigiosos de resurrección, el primero obrado por el profeta Elías, el segundo por Jesús. En los dos casos, los muertos son hijos muy jóvenes de mujeres viudas que son devueltos vivos a sus madres.

La viuda de Sarepta —una mujer no judía, que sin embargo había acogido en su casa al profeta Elías— está indignada con el profeta y con Dios porque, precisamente cuando Elías era su huésped, su hijo se enfermó y después murió en sus brazos. Entonces Elías dice a esa mujer: «Dame a tu hijo» (1 R 17,19). Esta es una palabra clave: manifiesta la actitud de Dios ante nuestra muerte (en todas sus formas); no dice: «tenla contigo, arréglatelas», sino que dice: «Dámela». En efecto, el profeta toma al niño y lo lleva a la habitación de arriba, y allí, él solo, en la oración, «lucha con Dios», presentándole el sinsentido de esa muerte. Y el Señor escuchó la voz de Elías, porque en realidad era él, Dios, quien hablaba y el que obraba en el profeta. Era él que, por boca de Elías, había dicho a la mujer: «Dame a tu hijo». Y ahora era él quien lo restituía vivo a su madre.

La ternura de Dios se revela plenamente en Jesús. Hemos escuchado en el Evangelio (Lc 7,11-17), cómo él experimentó «mucha compasión» (v.13) por esa viuda de Naín, en Galilea, que estaba acompañando a la sepultura a su único hijo, aún adolescente. Pero Jesús se acerca, toca el ataúd, detiene el cortejo fúnebre, y seguramente habrá acariciado el rostro bañado de lágrimas de esa pobre madre. «No llores», le dice (Lc 7,13). Como si le pidiera: «Dame a tu hijo». Jesús pide para sí nuestra muerte, para librarnos de ella y darnos la vida. Y en efecto, ese joven se despertó como de un sueño profundo y comenzó a hablar. Y Jesús «lo devuelve a su madre» (v. 15). No es un mago. Es la ternura de Dios encarnada, en él obra la inmensa compasión del Padre.

Una especie de resurrección es también la del apóstol Pablo, que de enemigo y feroz perseguidor de los cristianos se convierte en testigo y heraldo del Evangelio (cf. Ga 1,13-17). Este cambio radical no fue obra suya, sino don de la misericordia de Dios, que lo «eligió» y lo «llamó con su gracia», y quiso revelar «en él» a su Hijo para que lo anunciase en medio de los gentiles (vv. 15-16). Pablo dice que Dios Padre tuvo a bien manifestar a su Hijo no sólo a él, sino en él, es decir, como imprimiendo en su persona, carne y espíritu, la muerte y la resurrección de Cristo. De este modo, el apóstol no será sólo un mensajero, sino sobre todo un testigo.

Y también con los pecadores, a todos y cada uno, Jesús no cesa de hacer brillar la victoria de la gracia que da vida. Dice a la Madre Iglesia: «Dame a tus hijos», que somos todos nosotros. Él toma consigo todos nuestros pecados, los borra y nos devuelve vivos a la misma Iglesia. Y esto sucede de modo especial durante este Año Santo de la Misericordia.

La Iglesia nos muestra hoy a dos hijos suyos que son testigos ejemplares de este misterio de resurrección. Ambos pueden cantar por toda la eternidad con las palabras del salmista: «Cambiaste mi luto en danzas, / Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre» (Sal 30,12). Y todos juntos nos unimos diciendo: «Te ensalzaré, Señor, porque me has librado» (Respuesta al Salmo Responsorial).

PAPA FRANCISCO RECUERDA QUE EN LA IGLESIA IMPORTA MÁS EL QUE SIRVE Y NO EL QUE MANDA


El Papa recuerda que en la Iglesia importa más el que sirve y no el que manda
Por Alvaro de Juana



 (ACI).- El Papa Francisco recibió este sábado a una delegación del Centro Internacional del Diaconado en ocasión del 50 aniversario de su institución y recordó que los diáconos “son el rostro de la Iglesia en la vida cotidiana, de una comunidad que vive y camina en medio de la gente y donde no es más importante quien manda, sino quien sirve”.

Francisco centró su discurso en el mandamiento de Jesús “Amaos como yo os he amado”. “En el amarse los unos a los otros los discípulos continúan la misión por la cual el Hijo de Dios ha venido al mundo”.


El Papa dijo que los discípulos “comprenden que, ayudados por el Espíritu Santo, este mandamiento implica el servicio a los hermanos y a las hermanas”. Por ello, “para poder ocuparse correctamente de las personas los apóstoles eligen algunos ‘diáconos’, es decir, servidores”.

“Los diáconos manifiestan de modo particular el mandamiento de Jesús: imitar a Dios en el servicio a los otros, imitar a Dios que es amor y nos sirve”.

El Pontífice aseguró que “el modo de actuar de Dios, su actuar con paciencia, benevolencia, compasión y disponibilidad para hacernos mejores debe distinguir también a todos los ministros: los Obispos como sucesores de los Apóstoles, los sacerdotes, sus colaboradores y los diáconos”.

“Los diáconos son el rostro de la Iglesia en la vida cotidiana, de una comunidad que vive y camina en medio de la gente y donde no es más importante quien manda, sino quien sirve”. 

ORACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


viernes, 3 de junio de 2016

3 DE JUNIO JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LA SANTIFICACIÓN DE LOS SACERDOTES


Hoy 3 de junio se celebra Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes
Por Abel Camasca


 (ACI).- En la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, la Iglesia también celebra la Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes, convocada por el Santo Padre a través de la Congregación para el Clero.

“Pidamos también sacerdotes santos, formados ‘según el Sagrado Corazón de Cristo’”, decía San Juan Pablo II, quien estableció que esta jornada de oración se realice en el día del Corazón de Jesús.


En el marco del Año de la Misericordia, más de 6000 seminaristas y presbiterios de todo el mundo, están participando del Jubileo de los sacerdotes que se inició el 1 de junio y concluye hoy viernes 3 con la Santa Misa que presidirá el Papa Francisco.



Oración por la Santificación de los Sacerdotes 
(de Santa Teresita del Niño Jesús)


Oh Jesús que has instituido el sacerdocio para continuar en la tierra
la obra divina de salvar a las almas
protege a tus sacerdotes (especialmente a: ..............) 
en el refugio de tu SAGRADO CORAZÓN.
Guarda sin mancha sus MANOS CONSAGRADAS,
que a diario tocan tu SAGRADO CUERPO,
y conserva puros sus labios teñidos con tu PRECIOSA SANGRE.
Haz que se preserven puros sus Corazones,
marcados con el sello sublime del SACERDOCIO,
 y no permitas que el espíritu del mundo los contamine.
Aumenta el número de tus apóstoles,
y que tu Santo Amor los proteja de todo peligro.
Bendice Sus trabajos y fatigas,
 y que como fruto de Su apostolado obtenga la salvación de muchas almas
que sean su consuelo aquí en la tierra y su corona eterna en el Cielo. Amén.

UN SACERDOTE DEBE ASEMEJARSE AL BUEN PASTOR, SEGÚN PAPA FRANCISCO


Así debe ser un sacerdote para asemejarse al Buen Pastor, según Papa Francisco
Por Alvaro de Juana



 (ACI).- El Papa Francisco explicó las características que deben tener los sacerdotes para ser verdadera imagen del Buen Pastor y cómo deben actuar, prestando especial atención a “buscar, incluir y alegrarse”.

El Pontífice presidió esta mañana en la Plaza de San Pedro la Misa por la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y del Jubileo de los Sacerdotes. Durante 3 días, este evento reunió a más de 6.000 presbiteros y seminaristas en Roma.

“El corazón del Buen Pastor no es sólo el corazón que tiene misericordia de nosotros, sino la misericordia misma” puesto que ahí “resplandece el amor del Padre; ahí me siento seguro de ser acogido y comprendido como soy; ahí, con todas mis limitaciones y mis pecados, saboreo la certeza de ser elegido y amado”, dijo el Papa.

Francisco explicó que “el corazón del Buen Pastor nos dice que su amor no tiene límites, no se cansa y nunca se da por vencido”. En él vemos su continua entrega sin algún confín; en él encontramos la fuente del amor dulce y fiel, que deja libre y nos hace libres; en él volvemos cada vez a descubrir que Jesús nos ama ‘hasta el extremo’, sin imponerse nunca.

“El corazón del Buen Pastor está inclinado hacia nosotros, ‘polarizado’ especialmente en el que está lejano; allí apunta tenazmente la aguja de su brújula, allí revela la debilidad de un amor particular, porque desea llegar a todos y no perder a nadie”.


A lo largo de la homilía, el Pontífice pidió a los sacerdotes que se hagan a menudo la pregunta "¿A dónde se orienta mi corazón?, ¿En dónde se fija mi corazón, a dónde apunta, cuál es el tesoro que busca?".

En respuesta a las dos preguntas, aseguró que “los tesoros irremplazables del Corazón de Jesús son dos: el Padre y nosotros”.

“Para ayudar a nuestro corazón a que tenga el fuego de la caridad de Jesús, el Buen Pastor, podemos ejercitarnos en asumir en nosotros tres formas de actuar que nos sugieren las lecturas de hoy: buscar, incluir y alegrarse”, aconsejó.


Buscar, incluir, alegrarse

El Papa recordó que Dios va en busca de la oveja perdida “sin dejarse atemorizar por los riesgos; se aventura sin titubear más allá de los lugares de pasto y fuera de las horas de trabajo”.

“No aplaza la búsqueda, no piensa: ‘Hoy ya he cumplido con mi deber, me ocuparé mañana’, sino que se pone de inmediato manos a la obra; su corazón está inquieto hasta que encuentra esa oveja perdida. Y, cuando la encuentra, olvida la fatiga y se la carga sobre sus hombros todo contento”.

El corazón que busca, por tanto, “no privatiza los tiempos y espacios, no es celoso de su legítima tranquilidad, y nunca pretende que no lo molesten”. “¡Ay de los pastores que privatizan su ministerio!”, exclamó.

Pero además, “el pastor, según el corazón de Dios, no defiende su propia comodidad, no se preocupa de proteger su buen nombre, sino que, por el contrario, sin temor a las críticas, está dispuesto a arriesgar con tal de imitar a su Señor”.


Francisco también señaló que el pastor es “un buen Samaritano en busca de quien tiene necesidad”. “Es un pastor, no un inspector de la grey, y se dedica a la misión no al cincuenta o sesenta por ciento, sino con todo su ser”, afirmó.

El Pontífice explicó también que el pastor debe arriesgarse y “no se queda parado después de las desilusiones ni se rinde ante las dificultades; en efecto, es obstinado en el bien, ungido por la divina obstinación de que nadie se extravíe”.

“No sólo tiene la puerta abierta, sino que sale en busca de quien no quiere entrar por ella” y “como todo buen cristiano, y como ejemplo para cada cristiano, siempre está en salida de sí mismo”, dijo.

“El epicentro de su corazón está fuera de él: no es atraído por su yo, sino por el tú de Dios y por el nosotros de los hombres”.

Respecto a “incluir”, Francisco recordó que Cristo “no es un jefe temido por las ovejas, sino el pastor que camina con ellas y las llama por su nombre. Y quiere reunir a las ovejas que todavía no están con él”.

“Ninguno está excluido de su corazón, de su oración y de su sonrisa. Con mirada amorosa y corazón de padre, acoge, incluye, y, cuando debe corregir, siempre es para acercar; no desprecia a nadie, sino que está dispuesto a ensuciarse las manos por todos”.

Es un “Ministro de la comunión, que celebra y vive, no pretende los saludos y felicitaciones de los otros, sino que es el primero en ofrecer mano, desechando cotilleos, juicios y venenos. Escucha con paciencia los problemas y acompaña los pasos de las personas, prodigando el perdón divino con generosa compasión. No regaña a quien abandona o equivoca el camino, sino que siempre está dispuesto para reinsertar y recomponer los litigios”.

Por último, el Santo Padre explicó que el pastor debe “alegrarse”. “Su alegría nace del perdón, de la vida que se restaura, del hijo que vuelve a respirar el aire de casa. La alegría de Jesús, el Buen Pastor, no es una alegría para sí mismo, sino para los demás y con los demás, la verdadera alegría del amor”.

El sacerdote “es transformado por la misericordia que, a su vez, ofrece de manera gratuita”. “Para él, la tristeza no es lo normal, sino sólo pasajera; la dureza le es ajena, porque es pastor según el corazón suave de Dios”, destacó.

HOY 3 DE JUNIO SE CELEBRA LA SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
3 de junio 
Alabado sea Jesucristo…



La Iglesia Católica celebra hoy la Devoción del Sagrado Corazón de Jesús, propagada por Santa Margarita de Alacoque a quien el 16 de junio de 1675 el Señor se le apareció y le mostró su corazón rodeado de llamas de amor, coronado de espinas con una herida abierta de la cual brotaba sangre y en cuyo interior salía una cruz. 
La devoción al Corazón de Jesús ha existido desde los primeros tiempos de la Iglesia, desde que se meditaba en el costado y el Corazón abierto de Jesús, de donde salió sangre y agua. De ese Corazón nació la Iglesia y por ese Corazón se abrieron las puertas del Cielo.

En la Carta Encíclica del Papa Pío XII sobre el Culto al Sagrado Corazón, “Haurietis Aquas”, el Pontífice señala que “innumerables son, en efecto, las riquezas celestiales que el culto tributado al Sagrado Corazón infunde en las almas: las purifica, las llena de consuelos sobrenaturales y las mueve a alcanzar las virtudes todas”.
Esta fiesta se celebra el viernes posterior al segundo domingo de Pentecostés y consiste en la veneración del mismo corazón de Dios meditando en el corazón traspasado de Jesús. Pero todo el mes de junio es dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. Y en “Pequeñas Semillitas” durante este mes ponemos especial énfasis en resaltar los diversos aspectos y elementos que enriquecen esta hermosa devoción cristiana.